¿Cuál es el motor del conflicto israelí-palestino?

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Por Jonathan Spyer
Un reiterado sentimiento que actualmente envuelve a menudo las discusiones sobre la cuestión israelí-palestina es el imperativo de evitar que el conflicto se convierta en "religioso". Este sentimiento, que garantiza que las personas ilustradas y liberales asienten con sus cabezas, se destaca incluso dentro del abarrotado y competitivo campo de las expresiones ridículas de la ignorancia histórica halladas en la discusión sobre la cuestión palestino-israelí.
Este sentimiento está vinculado a la reciente ola de ataques terroristas en Jerusalén, que son el resultado de las declaraciones palestinas de que Israel está tratando de alterar el "statu quo" en el Monte del Templo. Según esta teoría, hasta ahora, el conflicto había sido principalmente acerca de reclamos rivales sobre la propiedad de la tierra y la soberanía, pero en este momento está en peligro de convertirse en "religioso", y por lo tanto de volverse aún más intratable. Por lo que esto debe evitarse.
La realidad objetiva indica que el conflicto entre los judíos y los árabes musulmanes sobre las tierras situadas entre el río Jordán y el mar Mediterráneo ha sido, desde sus inicios, inseparable de la "religión".
Del lado árabe / palestino / musulmán, los recientes acontecimientos en el Levante (específicamente en Siria e Irak) deberían habernos enseñado cuán endebles y contingentes son las supuestas identidades "seculares nacionales" de las poblaciones locales. Estas identidades han sido ahora eclipsadas en gran medida ahora, y reemplazadas por rótulos de lealtad sectaria, étnica y religiosa. Como profesor el Mordechai Cedar lo señaló en un artículo reciente, no hay razón para pensar que una identidad nacional "palestina" sea más fuerte o más duradera que cualquiera de estas construcciones vecinas.
Esto no significa, por supuesto, que la población árabe parlante de la zona no se moviliza para la lucha. Los acontecimientos de los últimos días sugieren un compromiso asesino para el combate. El motor de este compromiso, sin embargo, es religioso.
El motor es la determinación de evitar que los judíos de una forma o de otra, aunque sea muy leve, infrinjan la situación de facto de la dominación árabe musulmana de la zona del Monte del Templo / Haram al Sharif. Este compromiso no es un nuevo desarrollo; de hecho ha sido el motor a lo largo del conflicto.
Los primeros grandes casos de violencia musulmana árabe contra los judíos en el siglo XX estuvieron relacionados con esta misma área. En 1929, fue precisamente un intento de los judíos de hacer valer sus derechos de oración en el Muro Occidental (conocido en el mundo gentil como Muro de los Lamentos) lo que condujo a una furiosa reacción árabe y musulmana. Esa reacción desencadenó la masacre de más de un centenar de judíos y la destrucción de la antigua comunidad judía de Hebrón.
La supuesta amenaza a las mezquitas en el Haram al Sharif y el presunto deseo de los judíos de construir el Tercer Templo continuaron formando un elemento básico de la propaganda árabe en contra de los sionistas en los años treinta y cuarenta. Este fue el momento en que el naciente movimiento "nacional" palestino era dirigido por un hombre que sostenía una posición de autoridad religiosa: el Mufti de Jerusalén, Haj Amin al Husseini.
Esta centralidad de la religión continuó disparando los diversos movimientos que luchan contra Israel. El mismo nombre "Fatah", por ejemplo, que a menudo es descrito – absurdamente – como un movimiento "secular", es un término religioso. "Fatah" es un término árabe que significa literalmente "abrir", pero utilizado en contexto significa "conquistar una tierra para el Islam".
El papel central de la religión en este conflicto ha servido para evitar la eventual renuncia y el compromiso con la presencia de Israel, que predijeron muchos antiguos líderes sionistas. Esta predicción se basaba en conflictos nacionales similares en otros lugares, donde después de un período de lucha ambas partes se agotan, resuelven sus diferencias, y cierran un acuerdo.
Pero los sentimientos religiosos consiguen que no se llegue al agotamiento.
Y en el caso de Israel y sus enemigos árabes musulmanes, la energía central en el lado árabe es la de una furia religiosa – la sensación de que el restablecimiento de la soberanía judía en algunas partes de la tierra antiguamente gobernada por los musulmanes constituye un crimen contra Dios. Un delito de este tipo no puede ser perdonado ni se puede llegar a un compromiso.
En un reciente artículo en el sitio web de Hamas expresando su apoyo a los recientes ataques terroristas, el columnista palestino Dr. Issam Shawer resumió la cuestión de una manera sucintamente admirable:
“Sostenemos, y creemos, que nuestra batalla contra el ocupante es fundamentalmente religiosa, no geográfica, histórica o económica.
Allah, el alabado, mencionó [en el Corán] nuestro conflicto [actual] con el ocupante, cuando le dijo a sus siervos que ingresarían a la Mezquita de Al Aqsa, como entraron la primera vez, y nos dijo [también] que todo lo que "Israel" ha construido con el objetivo de establecer su frágil entidad será destruido. … Por lo tanto, debemos dejar de argumentar que nuestra batalla contra el enemigo es política, librada en el ámbito de la ONU, el Consejo de Seguridad, o mediante negociaciones. Todas esas tonterías contradicen el Corán y el Hadiz” (Traducción de MEMRI).
Shawer comprende la dinámica del conflicto mucho mejor que la mayoría de los observadores occidentales.
Por el otro lado, la idea judía del "retorno a Sión," la reconstrucción de Jerusalén, y la renovación de los días de antaño están profundamente arraigadas en la tradición religiosa judía e inseparable de ella.
El sionismo moderno puede haber sido de naturaleza secular, pero extrajo de esas fuentes de la auto-percepción judía.
La diferencia, a través del tiempo, ha sido que los judíos han demostrado, desde el inicio de la lucha moderna, la voluntad de aceptar los planes políticos que proponen la partición de la tierra en discusión: en 1937, 1947, 2000, y 2008. El bando árabe musulmán ha demostrado que no tiene una capacidad similar.
La auto-percepción judía es la de una nación pequeña, cautelosa, insegura, a la defensiva.
La identidad árabe musulmana sunita, por el contrario, se basa en el triunfo y la conquista como el estado natural de las cosas, ahora acompañada por el humillante, y desconcertante estado actual de fracaso y sometimiento. De ahí la enorme rabia asesina en el estado actual de la derrota frente a un pueblo visto como naturalmente subordinado: los judíos. De allí, la absoluta negativa a aceptar el veredicto aparente de la historia, y el más reciente intento furioso desalojar al enemigo.
La religión, específicamente el Islam suní político, está liderando, como lo ha hecho en todos los intentos anteriores. No muestra ningún signo de quedarse sin energía, a pesar de los escasos resultados hasta ahora. Un profundo sentido de su propia superioridad y la inevitabilidad de su eventual victoria orientan a sus adherentes. Ya es hora de que los numerosos observadores occidentales obsesivos de este conflicto comprendan la fuerza motriz religiosa y esencial. La religión política, específicamente el Islam político suní, yace en su centro. Siempre ha estado allí.
Fuente: Aurora Digital

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