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El 19 de noviembre, miles de israelíes concurrieron a Yanuh-Jat, un distrito de Galilea, donde un héroe fue enterrado con honores. También asistieron el presidente de Israel, Reuven Rivlin, el ministro de seguridad interna y el jefe de la policía nacional, junto con sus oficiales. De todos los rincones del país, numerosos judíos ortodoxos viajaron para unirse a la multitud de drusos, hermanados en el dolor por el asesinato de un conciudadano.
Habían ido a despedir a Zidan Saif, el oficial de policía druso que fue el primero en acudir a la sinagoga de Har Nof, en Jerusalén, atacada el día anterior por dos terroristas palestinos que ultimaron a cuatro judíos durante el rezo matutino. Saif salvó a varias personas, pero fue alcanzado por una bala en la cabeza. Su ataúd estaba envuelto con la bandera de Israel. Saif fue un israelí que dio su vida y por ello, los israelíes expresaron su honda y conmovedora gratitud.
Pese a que tienen un origen étnico semejante al de los árabes y se expresan en el mismo idioma, los drusos no son musulmanes y no comparten la práctica religiosa. En efecto, no se rigen por el Corán, tienen sus propios libros sagrados. No aceptan la poligamia y las mujeres drusas cuentan con una igualdad desconocida en el mundo islámico.
La religión drusa se basa en preceptos esenciales: Relación de hermandad con todos los drusos; resurrección de los muertos; creer en un solo Dios; unidad de Dios, que está en todas partes y tiempos; aceptar los designios divinos; rechazo a conductas delictivas. Otro de sus principios fundamentales es el apego a la tierra donde viven. El concepto que tienen de la fidelidad los obliga a adaptarse a la ley y obedecer al gobierno de su país. En Israel se les admira por ser soldados fuertes, arriesgados y leales, lo cual los hace dar lo máximo de sí mismos.
Están diseminados por el mundo, pero primordialmente se ubican en el Líbano, Siria e Israel. En un principio se concentraron en las inmediaciones del Monte Hermón, luego se extendieron hacia el sur del Líbano y Siria.
Israel les brinda respeto y plena libertad religiosa, política y civil. Son ciudadanos israelíes con todos los derechos y deberes, destacándose por su plena identificación, solidaridad, compromiso y valor, tal como lo demostró Zidan Saif.

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