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Comunicado de CAIV sobre muerte del Fiscal Nisman
19/01/2015
David Bittan Obadia, Presidente de la CAIV
Pareciera una fábula por no utilizar otra expresión, pues la más cercana sería “comedia o chiste”, apreciar el debate que se está experimentando después de lo ocurrido en Paris en días recientes,  sea el tema de la libertad de expresión.
Resulta que algunos generadores de opinión y  políticos se niegan a tocar el tema de fondo, el “quid” del asunto, que no es otro que el  “fundamentalismo islámico”, el “yihadismo” y la interpretación errónea de textos sagrados, de una minoría musulmana (que no pasa del 20% de quienes predican esa fe), pues estoy convencido que el Corán es un libro de paz y valores,  ese sector de opinadores obvian esta grave realidad y ahora tratan de centrar un debate en la libertad de expresión y la “provocación” de algunos medios, que generan consecuencias.
Lamentablemente los defensores de esta matriz  están siendo exitosos y muchos se dedican a tergiversar declaraciones, entre ellas la del Papa Francisco y acomodarlas a su medida para opacar o aminorar una triste y grave realidad, que solo es responsabilidad de países y sociedades, las cuales en el mejor de los casos por “inocentes o tolerantes”, y en otros por políticas de apertura sin control , han permitido que  este tema  se les fuera de control y por eso Francia tiene un millón de funcionarios detrás de un puñado de fanáticos, sin encontrar para ese mal remedio.
Estas campañas buscan posicionar ideas y establecer estándares  de opinión y son parte de las políticas terroristas, son financiadas también por los que invierten en los atentados, este aspecto es una parte de la torta, del esquema, que se inicia de manera previa a un evento y se implementan luego de que ocurre el mismo,  y por eso es común apreciar cómo se logran discusiones y cuestionamientos en grandes cadenas de televisión y  en todo tipo de medios de comunicación, algunos de ellos muy de renombres que al día siguiente de los atentados en Paris tenían como pregunta del día algo así como ¿Usted está de acuerdo con la ofensa de los medios a las religiones? No sería justa la pregunta, digo yo: ¿Usted está de acuerdo o apoya lo ocurrido en Charlie Hebdo?
También es parte de ese libreto ver a los posibles autores intelectuales o cooperadores, que abiertamente hacen festines después de las masacres, solidarizarse con las víctimas, llevar flores a los funerales, prender velas o participar descaradamente en las manifestaciones de repudio, los más descarados se ponen las franelas en las que se leen “je sui charlie hebdo”.
Ya está bueno señores de aceptar tanta ingenuidad, como acertadamente plantea  Gonzalo Frasca: “podemos ser políticamente correctos y decir que los dibujos de Charlie Hebdo eran demasiado controvertidos”. Pero eso es lo mismo que argumentar que el vestido de una mujer violada era “demasiado sexy”. Aquí no hay controversia alguna: por un lado tenemos dibujos y por el otro balas asesinas.
Coincido plenamente que  el semanario francés  está en lo correcto al señalar que tolerancia políticamente correcta es como intentar convivir con un esposo golpeador; es creer que el esposo es naturalmente bueno, pero sólo golpea cuando se lo provoca. Es convencerse de que la culpa no es del violento sino de la víctima. Es creer que si nos portamos bien, nada malo pasará. La experiencia muestra que, tarde o temprano, el golpeador golpeará.
Es imperante ratificar que el terrorismo no necesita motivos reales para matar, por eso es terrorismo.  El extremismo y fundamentalismo religioso  es más eficaz, cuando se logran fabricar y calar las justificaciones, así pues será una provocación para los terrorista haber optado por ser cliente de un supermercado Kosher  ¿será ese hecho una provocación?
No podemos permitir  que la reflexión  se centre  en la libertad de expresión,  en los países democráticos y constitucionales este tema lo regula  la ley, debemos de hablar sobre las vidas perdidas,  que es lo más sagrado, el bien jurídicamente más protegido, resaltar la  brutalidad del ataque,  y hacer entender que las caricaturas, ninguna puede ser el argumento de la provocación.
Debemos de luchar por desenmascarar esta realidad, por frenar a esa minoría asesina, en su pretensión por imponerse sobre  la ley civil, y dejar bien claras las normas de convivencias para quienes pretendan incrustar  en occidente sus ideas, de lo contrario como ya hemos escrito, invitarlos a buscar sus libertades en la teocracias, o en los países donde estas minorías son mayorías y así podrán convivir entre pares. De lo contrario nos convertiremos en súbditos de la barbarie, no sé si ya es tarde para accionar en algunos países de Europa pero no me imagino la entrega de París o Londres. Mi España lo tiene mucho más claro y tratan el tema con más seriedad.
No es la libertad de expresión lo que debemos  cuestionar hoy ni censurar, es al  fundamentalismo. No es la sátira lo que debemos restringir,  lo que hay que combatir  es la  intolerancia.
Establecer como lógico y común la idea que la ofensa de lo sagrado legitima una reacción, solo puede llevarnos al campo de la justicia  individual por mano propia y a las puertas del caos.
Termino ratificando con mucha responsabilidad que no son todos los musulmanes terroristas, sería irresponsable aseverar este concepto por lo demás injusto, son buenos y muchos mis amigos musulmanes entre ellos el “Gran Tito” pero, tampoco ocultar que todos los terroristas de Charlie Hebdo si lo eran. También los de Múnich,  New York -septiembre 11,  y los de los atentados en Argentina, Madrid,  Londres, Bélgica, Bali, Túnez, Turquía, Siria, Iraq, y paremos de contar.

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