El árbol: fuente de vida y existencia

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Por Shmuel Shaish
En el relato bíblico de la Creación, leemos que Dios plantó un Jardín al este de Edén y ahí colocó a la primera pareja creada, para cuidar ese vergel. Adam y Javá tenían derecho a comer los frutos de todos los árboles, excepto el fruto del árbol del “Conocimiento del bien y del mal”. Es decir que el ser humano vivía sin conocer el bien y el mal, era otro animal más, y su obligación era cuidar el Jardín de Edén. Nada le faltaba, todas sus necesidades estaban cubiertas por Dios, pero su entendimiento y raciocinio estaban muy limitados.
No tenían Adam y Javá el discernimiento para saber qué es bueno y qué es malo. Solamente sabían que de ese árbol determinado no debían comer. Y a mi entender Dios preparó a propósito ese árbol y esa prohibición. El creó al ser humano pensante y autónomo; pero esa libertad la debe conquistar el Hombre, no es un simple regalo, sino un privilegio que trae consigo responsabilidad.
Quiere el hombre ser un eterno siervo, no pensar, sino ser parte de un rebaño; puede serlo. Pero si quiere ser un ser humano que no solamente vive, sino que también existe, debe luchar por eso y saber que todo tiene un precio. Y la serpiente (¿acaso su pensamiento subconsciente?) le asegura que vivirá aunque no cumpla la prohibición de Dios.
Javá come el fruto prohibido y le da a Adam que también come, se asustan los dos de lo que han hecho, pero ya no hay camino de retorno. Salen del seno materno seguro a la vida de libertad y responsabilidad. Y comienza la historia de la humanidad. Aprende a usar su cerebro y desarrolla cultura y civilización. El “etz hadaat tov vará” (el árbol del conocimiento del bien y del mal), es la base de la existencia humana. El hombre es la corona de la creación gracias a su cerebro y debe antes que nada distinguir el bien del mal y será realmente lo que el Eterno creó. Como ya lo dijo muy bien el filósofo francés Descartes: “Pienso, por lo tanto existo”. Y todo comenzó con el fruto de un árbol en el jardin de Edén.
Todos los árboles nos dio Dios para alimento y goce. El árbol, con sus raíces profundas y fijas, nos otorga la vida, y debemos cuidarlo constantemente. Y así explican nuestros sabios el versículo de la Tora: “ki haadam etz hasadé” (es el hombre como un árbol en el campo) “Come sus frutos, pero no los tales. Es acaso un hombre el árbol de los campos para que lo asedies?”
A los árboles hay que cuidarlos, ayudarlos a desarrollarse y gozar de sus frutos y de su vista. Abatimos árboles, abatimos vida. Parte de nuestra libertad es saber cómo defender la fuente de vida. Cuando destruimos bosques y junglas que son el pulmón que nos permite respirar. Y todo lo que el Santo Bendito Sea nos otorgó sobrevivirá si nosotros sabremos cuidar y conservar.
Este año festejamos un triste Tu Bishvat. La irresponsabilidad humana en todos los niveles destruyo cientos de hectáreas en el Carmel (aparte de decenas de seres humanos que murieron por esa irresponsabilidad); en el mundo no han tratado muy bien a los árboles (en Brasil, Venezuela, Africa y Asia) y generaciones llorarán esta desidia humana. Al comer el fruto prohibido recibimos la posibilidad de prolongar y acortar nuestra existencia, todo depende de nosotros.
Festejamos Tu Bishvat, porque nuestros antepasados establecieron que esa fecha es la que define el año de los frutos de los árboles. El quince de Shvat era el día que definía el pago de los diezmos de los frutos. A partir de ese día debemos compartir con Dios y su Templo los frutos que los árboles nos otorgan.
Con el pasar de los siglos paso a ser esta festividad la Fiesta de la Tierra de Israel, comenzaron a festejar un Seder como en Pesaj, ya que los frutos de la tierra son el símbolo de la libertad humana, como Pesaj es la fiesta de la liberación de las cadenas de la esclavitud. Por lo tanto brindemos en este día con vino de todos los colores y gustos por un mejor año para la Naturaleza que Dios nos otorgó y comamos con gusto los frutos de esta Tierra.
Fuente: Aurora Digital

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