Obama y Netanyahu, entre protocolo y supervivencia

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Por Elías Farache S.
En enero pasado, John Boehner, el vocero del Congreso de Estados Unidos (“Speaker of the House”), del partido republicano, invitó al primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, a dar un discurso en la sede de tan importante foro en Washington. La aparición está prevista para el 3 de marzo.
El primer ministro israelí aceptó la invitación. Pero el protocolo ha sido violado. Las invitaciones a Washington las cursa, por regla general, el presidente de Estados Unidos. Entonces, Barack Obama ha anunciado que no recibirá a Netanyahu en la Casa Blanca. Además de la ruptura del protocolo, se ha expresado que de recibir al primer ministro en víspera de las elecciones de Israel pautadas para el 17 de marzo, estaría interfiriendo en el proceso electoral israelí, algo que la administración no quiere hacer de ninguna manera. Sería la primera vez que un primer ministro israelí no es recibido en la Casa Blanca en visita oficial.
Esta situación tiene varias aristas y no es cuestión de ser timorato en la lectura de ella. Obama no ha sido el mejor amigo de Netanyahu. Este último hubiera preferido a un presidente republicano y no a un demócrata, o diferente a Obama. Y Obama se sentiría más cómodo con un primer ministro laborista, o diferente a Netanyahu. Los republicanos quieren ser más duros con Irán, y una buena manera de hacer presión es traer a la persona y el Estado más doliente de un Irán nuclear a exponer en casa sus preocupaciones, temores y realidades. Los demócratas se resienten de esta jugada republicana.
En Israel, la oposición a Netanyahu le reclama que ir a Estados Unidos y enfurecer a su presidente es un riesgo que no se debe correr. El mejor aliado de Israel merece más respeto según este criterio, lógico y aceptable. Claro que el foro del Congreso y un Netanyahu brillante allí, le puede significar unos cuantos votos en la feroz campaña electoral que se lleva a cabo en Israel.
En honor a la verdad, es una situación muy incómoda. El dueño de casa no ha invitado a un huésped que ha sido convocado por otro de los también dueños de casa. Si bien Obama y los demócratas se pueden sentir ofendidos, no es menos cierto que los republicanos, a estas alturas, también se sentirán ofendidos si Netanyahu no atiende su invitación. En eso de protocolos y cortesías las cosas son muy delicadas, los detalles son muy sutiles.
Pero haciendo caso omiso de los nombres involucrados y de las coyunturas electorales en cada país, se deben rescatar ciertos aspectos.
Israel, protocolos y cortesías apartes, ha sido amenazado varias veces por Irán. El discurso de Irán y sus aliados es coherente y vehemente. Borrarlo del mapa, negar el Holocausto y cosas de similar gravedad han sido registradas en muchas ocasiones. Israel combate a Hezbolá y a Hamás con denuedo. Ambos son afines a Irán y receptores de sus fondos. Un Irán con capacidad de armamento nuclear es un peligro que Israel ve con mucha, muchísima preocupación. Irán nuclear es un peligro para muchos países, pero el primero en la lista de víctimas sería Israel. Las acciones con armas nucleares no son ninguna broma, ni dan segundas oportunidades.
El primer ministro de Israel, sea quien sea, del partido que fuese, tiene como misión principal la seguridad de su Estado y sus ciudadanos. Si hay un foro de importancia donde puede presentar su preocupación, advertir de los peligros en ciernes, influenciar ciertas políticas y acciones… ¿no debe asistir? Una cosa son el protocolo, la cortesía, los buenos modales, y otra la supervivencia. Un Irán nuclear sumirá al mundo en un halo de preocupación, y a Israel en una profunda angustia y desesperación.
Todos los primeros ministros de Israel han tenido sus desavenencias con los presidentes y administraciones norteamericanas por visiones distintas respecto al Medio Oriente. Menajem Beguin (Z’L), en una ocasión le escribió a Ronald Reagan y le hizo notar que Israel había sido catalogado como un aliado y amigo. En oportunidad de la iniciativa de Reagan de lanzar un plan de paz inconsulto con Israel, Beguin le escribió: “Señor presidente, usted y yo elegimos durante este último par de años llamar a nuestros países ‘amigos y aliados’. Siendo este el caso, un amigo no debilita a su amigo, y un aliado no pone a su aliado en peligro. Esta será la ine­vi­table consecuencia si las posiciones trasmitidas a mí el 31 de agosto de 1982 se hacen realidad”.
Cambiando fechas y personajes, el contenido de la misiva parece aplicarse hoy en día. Para más información, las relaciones entre Reagan y Beguin, entre Estados Unidos e Israel, terminaron siendo muy buenas.
Cuando el protocolo atenta contra la supervivencia… ¿habrá que romperlo?
Fuente: Nuevo Mundo Israelita

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