Israel no es propiedad de un solo grupo

Qué opina de esta coincidencia en Purim
25/02/2015
Demonizar a Israel
05/03/2015

Por Bernardo Ptasevich
Israel es un país maravilloso que podemos catalogar de milagro. Un país lleno de historia y de historias que sin embargo no son las que me llevan a darle ese calificativo. Los peligros externos que lo acechan son el catalizador que permite ver algunos objetivos comunes sin importar que en otros sentidos las diferencias sean cada vez más abismales.
Es un milagro que este país no estalle en pedazos por lo que tiene dentro y no por las amenazas de afuera. Es casi increíble que puedan vivir en su seno personas de tantas procedencias y nacionalidades, de tantas razas o religiones. En este país judío que tanto defendemos hay cabida, con nuestro beneplácito o sin él, para que coexistan muy diversas culturas y creencias.
Hay dificultades pero están encuadradas en ciertos parámetros de los cuales todos saben que no deben salir. Las leyes del país que todos deben cumplir por igual hacen que lo multicultural, racial y religioso se desarrolle con ciertos grados de tolerancia.
Es cierto que hay discriminación, de unos a otros y de los otros a los primeros, pero eso se debe más que nada a un mecanismo defensivo, al miedo de ser atacados físicamente, o incluso en su forma de vida y costumbres. Todos se cuidan, todos defienden lo suyo, no se quieren demasiado o incluso nada, pero saben que el otro existe y que esta aquí dentro, compartiendo el mismo pedazo de tierra en el que Eretz Israel existe y crece sin interrupciones.
Las etiquetas anulan la capacidad de pensar
En este contexto debemos entender que todas las personas que poseen documento israelí representan un voto, ese voto que integrará la totalidad de los sufragios con los que se elegirá el próximo gobierno. No vale más el voto de uno que de otro, todos son iguales sin tener en cuenta las diferencias mencionadas. Además de las culturales y religiosas creamos otras diferencias según los pensamientos o las ideas políticas de cada uno.
Catalogamos a los individuos o ciudadanos como de Derecha, de Izquierda, o de Centro, como un elogio o como un desprecio según del lado que nos ubiquemos. No analizamos en forma abstracta de prejuicios sus ideas y sus planes, sus pergaminos o su comportamiento, su honradez o su capacidad. Miramos su "etiqueta" esa que nos permitirá descartar todo lo que diga o piense si no coincide con "nuestra etiqueta" Cual si fuera un equipo de futbol somos de uno o de otro sin importar como juegan, si son leales o viven cometiendo infracciones. En un momento en que el país se encuentra en la encrucijada de cómo va a afrontar el tiempo que viene, las etiquetas no son lo importante. No tenemos propuestas coherentes y serias, ideas que nos convenzan a quien votar y para que los votamos.
Propaganda electoral agresiva y sucia
Estamos asistiendo a una de las campañas electorales más agresivas y sucias que podríamos imaginar. El objetivo es denostar al oponente en lugar de mostrar las virtudes propias con las que deberían convencernos. Nos llegan por todos los medios afiches descalificadores, o mejor dicho que califican a los candidatos con insultantes términos. En general se trata de mentiras o inventos que intentan imponer una imagen negativa sobre los contrincantes políticos. Un país con gente tan inteligente, tantos inventos y tanta tecnología debería tener una confrontación diferente.
Lo peor es que el nivel se mantiene cuando se gobierna. En la red, incluso en páginas deportivas, aparecen las fotos de los candidatos con un slogan descalificador que son publicadas por el partido contrario, no por ellos mismos. Puede ser muy creativo pero es muy negativo. El día después de las elecciones hay que gobernar, y como nadie tiene la mayoría absoluta, hay que consensuar. Salvo porque los políticos acostumbran ser muy fallutos y falsos, nadie puede consensuar con dignidad y respeto con quienes publicitan conceptos degradantes para su persona. Esto vale tanto para el gobierno como para la oposición. Los políticos nos piden que los votemos porque el otro es peor, no porque son mejores.
Israel no es propiedad de un solo sector
Hay quienes pretenden tener la única verdad pero eso no se condice con la realidad. Israel es el país fundado para que los judíos podamos vivir sin discriminación como no sucedería en ninguna otra parte del mundo. No hace falta que el carácter judío sea mencionado en la denominación porque todos saben que de eso se trata. Si algún día no fuera así perdería la razón de ser y seguramente estaría en peligro su continuidad. Pero la realidad en el terreno es que viven aquí diferentes grupos y salvo que abandonemos la democracia ellos son los que elegirán cada vez el gobierno siguiente. Todos quienes tienen la documentación israelí gozan de todos los derechos y todas las obligaciones que marca la ley. Hay gente que cuando algo no le gusta lo deja de mencionar y así se convence de que no existe. Israel tiene un 20 % de ciudadanos israelíes que son árabes y van a ejercer su derecho a voto en las próximas elecciones, esta vez en forma bastante unificada. Ojala los otros partidos hubiesen entendido que si no se unen bajo propuestas coincidentes en los temas principales sus posibilidades decrecen muchísimo. En marzo, los votos árabes, los votos rusos o latinos, los votos religiosos, los no religiosos, todos valdrán por igual. El hecho de que hoy tengamos en nuestra Knéset, dirigentes que están más cerca del terrorismo que del bien común de Israel, no debe servir para generalizar.
La impunidad que le dan los fueros no ha permitido hasta ahora juzgarlos como es debido por los delitos que cometen y que deberían ser castigados. Se deben modificar las leyes para poder actuar en consecuencia y evitar que usen toda la información oficial que disponen en favor de nuestros enemigos. Los fueros no deben servir para casos de terrorismo ni cuando usan su cargo para atacar al país o sus instituciones. El resto de los legisladores tienen la suficiente fuerza para modificar lo que haga falta. Esto no significa que veamos en cada idea opuesta una conspiración. Si aplicamos la ley con mano firme esto no debería volver a suceder.
No todos deben vivir en Israel
Cuando los ciudadanos trabajan para la destrucción del país deben perder los derechos que el mismo les brinda. Hay que cambiar las leyes y aplicarlas para que sea posible. Esto vale tanto para los legisladores árabes que trabajan en favor de los terroristas como para la congregación Naturei Karta que hace causa común con nuestros enemigos. Ambos viven aquí aprovechándose de todos los beneficios como si fueran ciudadanos comunes. Son dos claros ejemplos en los que se viola la ley sin que nuestros gobernantes hagan nada. El resto de la población, esa que va a trabajar cada día para ganar su sustento y respeta las normas democráticas del país forma parte de la ciudadanía israelí. Puede ser que no todos están contentos con ello, pero cuando algún sector pretenda hacerse dueño de toda la razón y todos los derechos, el país será inviable.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *