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Por Moisés Garzón Serfaty
A raíz del último episodio bélico -por ahora- entre las Fuerzas de Defensa de Israel y el grupo terrorista Hamás, gobiernos y organismos internacionales han insistido, como en ocasiones anteriores, en que aunque condenan y condenarán los ataques a Israel y admiten que tiene derecho a defenderse, condenan igualmente el uso de la fuerza, por parte de Israel, en forma “desproporcionada”.
De acuerdo con el diagnóstico del Programa de Desarrollo de Naciones Unidas realizado por un grupo de pensadores del Islam, la sociedad musulmana se encuentra en un profundo y asentado impedimento de acceder al conocimiento en sus aspectos sociales, institucionales, económicos y políticos, y se caracteriza por el autoritarismo, la falta de libertad, la inexistencia de libertad de prensa y de la libre expresión del pensamiento.
Los procesos territoriales-políticos-económicos marcaron una influencia decisiva en la alianza de dirigentes políticos y líderes religiosos que ha permitido la permanencia en el poder a gobiernos autoritarios, sustentados en la interpretación del Corán y causantes del rezago de sus sociedades en comparación con las del mundo occidental, mostrando una gran desproporción.
Veamos algunas de esas desproporciones. En la primera guerra de 1948, Israel se enfrenta a la Liga Árabe integrada por países con un territorio 200 veces más extenso y 30 veces más poblado, luchando contra tropas de Siria, Iraq, Egipto, Jordania, Líbano, y voluntarios libios, saudíes y yemeníes.
En 1956, Israel se vio obligado a defender el libre tránsito por el estrecho de Tirán contra la pretensión egipcia de cerrarlo para Israel, impidiendo así su comunicación con países de África y el Lejano Oriente.
En 1967, en la Guerra de los Seis Días, se enfrentaría a Siria, Egipto y Jordania, que contaban con fuerzas armadas superiores en número a las de Israel, así como superiores en armamentos.
En 1973, en la Guerra de Yom Kipur, con 6000 soldados y 170 carros de combate, se enfrenta a Egipto y Siria con una tropa de 45 mil soldados  y 1440 carros de combate.
También existen otras desproporciones, como por ejemplo las que se reflejan en el Índice de Desarrollo Humano de los 187 paí­ses examinados por el programa de la ONU, en el que Israel ocupa la posición 19 y los territorios palestinos la posición 107. En el índice de corrupción, de 180 países analizados, Israel ocupa la posición 33, Egipto 115, Irán 141 y Siria 147. En el índice democrático, de 167 países escrutados por The Economist, Israel ocupa la posición 37, Egipto 109, Irán 158 y Siria 164.
Los musulmanes, con una población de más de mil millones, tienen 7 premios Nobel. Los judíos, con una población de alrededor de 12 millones, han obtenido 194. La Franja de Gaza, un territorio de 360 kilómetros cuadrados habitado por 1,5 millones de personas que tienen un ingreso per cápita de 1100 dólares, con una tasa de natalidad de seis hijos por mujer, es mantenida por la Agencia de la ONU para los Refugiados Palestinos, a la cual los ciudadanos de la Unión Europea aportan el 50%, Estados Unidos el 31% y los países musulmanes un 7%.
Desproporcionado, sin duda alguna.

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