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Por Momy Sultán
En castellano hay un refrán que dice: “De casta le viene al galgo”. Quisiera hacerles conocer de dónde vienen las raíces de dos líderes comunitarios ya fallecidos. Me refiero a Aquiba Benarroch y Yosy Benarroch.
Su padre, don Yamín Benarroch, fue un gran filántropo de su comunidad, recordado por las grandes obras que realizó en beneficio de “la muy heroica, humanitaria y noble ciudad de Melilla”, como dice su escudo de armas.
Esta es la historia. Entre el 9 y el 16 de febrero de 1997 se celebró en Melilla, España, el Segundo Reencuentro de Judíos Melillenses, con motivo de la celebración de los 500 años de que esa ciudad es española; se realizaron múltiples actos en honor a los recién llegados a su patria chica, pero el hecho más trascendental fue el homenaje que se le rindió a don Yamín A. Benarroch, un Señor, y lo escribo con mayúscula, que repartió bondad, generosidad y le tendió su mano a todo el mundo, en especial a los más necesitados.
Don Yamín nació en Tetuán en 1882, se trasladó muy joven a Melilla en compañía de su padre Aquiba y su hermano José, y se dedicó a la exportación e importación de tejidos; también creó grandes talleres de confección para surtir al ejército y a los diferentes Cuerpos Indígenas, como lo fueron los “Regulares”, la “Mehala” y las famosas “Jarkas”.
En julio de 1921, Melilla estuvo en gran peligro debido al desastre de Annual, cuando el cabecilla de la revuelta contra España, el famoso Abdel Krim, derrotó a las tropas españolas, y desde el monte Gurugú bombardeó y amenazó a la ciudad. Don Yamín ofreció sus locales, mantas, ropas, medicinas y cuanto fuera necesario para ayudar a los soldados heridos. En agradecimiento, al finalizar lo que se llamó la “Guerra del 21”, se le condecoró con la “Medalla de la Paz”.
Don Yamín desempeñó muchos cargos tanto comunitarios como oficiales: en 1920 fue miembro del Tribunal Municipal; en 1927 fue vocal civil de la Junta Municipal y de la Asociación de Caridad; en 1928, presidente de la comunidad Israelita (introdujo el voto universal para la elección de los miembros de la Junta Directiva). Ese mismo año formó parte de la comisión que organizó un homenaje al ejército. En 1932 fue elegido por tercera vez presidente de la comunidad israelita, y fue inscrito en el “Libro de Oro” del Keren Kayemet LeIsrael.
Durante su boda sentó a la mesa a 1100 personas de escasos recursos. Nunca dejó desatendida una petición de ayuda, viniera de judíos o cristianos. En reconocimiento a su gran labor humanitaria, y a petición de un gran número de melillenses, el gobierno le otorgó la “Gran Cruz de Beneficencia”, medalla de platino rodeada de diamantes, la cual fue costeada por suscripción popular.
Entre las cientos de buenas acciones que hizo en beneficio de todos destacan tres obras de importancia trascendental para la comunidad judía de Melilla. Construyó y donó el Barrio Hebreo para personas de escasos recursos; constaba de 149 casas, que se pagaban en un plazo de 10 años. Todos los gastos de mantenimiento del barrio los cubría de su propio peculio. Además, a las calles les pusieron nombres de ciudades de Israel.
La Gran Sinagoga Or Zaruah, o como se le conoce popularmente “La Tefilá de Don Yamín”: gracias a él contamos en Melilla con la sinagoga más bonita que existe en territorio español, con reminiscencias mozárabes y elementos clásicos en la fachada que recuerdan el más puro estilo mudéjar de Toledo o  Córdoba. La construyó el arquitecto Enrique Nieto, alumno de Gaudí, y lo ayudó el gran moldurista Vicente Maeso. En esa sinagoga ha contraído matrimonio el 90% de los melillenses, incluido quien les escribe. Recientemente fue declarada Monumento Nacional.
El Colegio Talmud Torá fue el primer colegio hispano-israelita construido en España desde la expulsión de 1492. El proyecto comenzó en 1924 y terminó en 1926; su costo fue de 165 mil pesetas, suma sufragada casi en su totalidad por don Yamín. Cuando se inauguró contaba con 150 alumnos, y para 1935 su plantel pasaba de 400. En 1932, la República le quitó las subvenciones a todos los colegios religiosos; sin embargo, al Colegio Talmud Torá nunca se la suprimieron.
Hombre desprendido, bueno, generoso, dadivoso, siempre ayudando al pobre y al desamparado (mi familia fue una de las necesitadas), un verdadero patriarca.
Conocí a don Yamín cuando yo tenía 13 años, y lo recuerdo alto, corpulento, con barba, sombrero negro, traje oscuro tirando a negro, lo que en Andalucía se conoce como “buen mozo”. Tenía un halo de generosidad, respeto y bondad innatos, y sé todo esto porque mi padre trabajó con él en calidad de contable.
Don Yamín tenía en Málaga una fábrica de ropa y uniformes para el ejército y puso a mi padre al frente de ella; la conocí en 1939 o 40, un local con 50 o 60 máquinas de coser y otras tantas costureras, por aquellas fechas ya sin trabajo. Gracias a que en la fábrica había un stock de uniformes y ropas, mi padre se salvó de ser fusilado por las milicias populares en Málaga.
En 1936 estalló la Guerra Civil y en Melilla quedamos mi madre y mis hermanos. En aquellas fechas, con toda el hambre, miseria, racionamientos, colas, escasez, estraperlo y el “piojo verde” que diezmó a la juventud y a los que no eran tan jóvenes, a nosotros, en medio de la escasez y miseria, no nos faltó la ayuda de don Yamín.
Hace poco se inauguró un monumento en su memoria frente a la Iglesia Castrense de Melilla. Por sus reconocidas bondades, siento gran satisfacción y alegría de que a tan gran hombre se le recuerde en esa ciudad.

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