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Por Beatriz W. De Rittigstein
A fines de julio, unos criminales lanzaron una botella incendiaria a la casa de una familia palestina, en una aldea cisjordana. Como consecuencia, fallecieron un bebé de 18 meses y el padre; la madre y su otro hijo de 4 años resultaron gravemente quemados. Se sospecha que los autores son extremistas judíos, jóvenes fanáticos de una diminuta facción antiisraelí.
El crimen fue condenado por las autoridades israelíes, comenzando por el presidente y el primer ministro, quienes prometieron tolerancia cero al terrorismo. El caso conmocionó a la sociedad israelí que en varias ciudades manifestó de forma masiva contra la violencia y expresó solidaridad a sus vecinos palestinos.
Una sociedad civilizada se horroriza ante estos crímenes. Sin embargo, los militantes de Fatah y Hamas honran como mártires a los terroristas que atacan a israelíes y judíos. Con los embates, se repiten las celebraciones, bailan en las calles, reparten dulces y publican en redes sociales, alabanzas a los perpetradores.
Rechazamos el ataque a la familia Dawabsha, nos condolemos con sus pérdidas. Y, por lo mismo, recordamos con dolor a las víctimas igualmente inocentes del terrorismo palestino, en mucho mayor número, instigados por sus propios dirigentes y hasta planificados y financiados desde el exterior.
A manera de ejemplo, algunos casos recientes: en junio del año pasado, tres adolescentes judíos, Gilad Shaar, Neftalí Fraenkel y Eyal Yifrah, fueron secuestrados y asesinados. Hay pruebas de que Salah al Arouri desde Turquía, urdió los planes. Arouri responde al jefe político de Hamas, Khaled Mashaal, quien afirmó: "beso las manos de los secuestradores".
En octubre de 2014, un palestino atropelló a un grupo de personas en una estación del tren en Jerusalén, matando a una bebe de 3 meses, Chaya Zissel Braun y a una inmigrante ecuatoriana de 22 años, Karen Mosquera.
En las carreteras son cotidianos los ataques con piedras y molotov a carros de matrícula israelí. Y también son frecuentes los apuñalamientos a transeúntes judíos en distintas ciudades de Israel. La guerra a través del terrorismo despierta lo peor en cada sector. Ya es tiempo, especialmente en el lado palestino, que su dirigencia asuma la realidad y en vez de maquinar la destrucción de Israel, negocie con valentía.

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