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Por David Bittan Obadía
Estos días de buena mar en Europa se ha generado una llegada masiva sin precedente de miles de personas que huyen de los conflictos que están azotando al Medio Oriente, muy especialmente la tragedia Siria, y los saldos restantes de la primavera eterna, de aquellas guerras a las que se entró sin tomar las precauciones, sin prever resultados y quizás el remedio será peor que la enfermedad.
Miles  cruzan  el Mediterráneo y la Unión Europea siguiendo las dos rutas posibles: Egipto, Turquía, Grecia, Italia, Francia; o Hungría, Austria, Italia y Francia. Siria, Afganistán e Irak han encendido las alarmas en el Viejo Continente.
La Unión Europea ha experimentado un dramático aumento de indocumentados en los siete primeros meses de este año y ya tienen 340.000 refugiados, mientras que en el mismo período del año pasado esa cifra se situó en torno a las 120.000 personas; esta cifra se  triplicó  en relación al 2014.
Como consecuencia de estas ola migratoria, las alarmas se han disparado en distintos países y las consecuencias son:
El cierre y amurallamiento de la frontera de Grecia y la de la Antigua República Yugoslava de Macedonia (ARYM)
París y Londres llenan Calais de alambradas y policías para frenar la inmigración (Calais, el punto del norte de Francia mejor comunicado con Gran Bretaña en alerta máxima).
Italia refuerza  a tope su vigilancia costera y trata de evitar los zarpes en los puntos de origen.
España aumenta el tamaño de sus vallas de Melilla y aumenta en miles los números del personal militar destinados al patrullaje aéreo y marítimo.
Macedonia para impedir el paso por la frontera de cientos de migrantes desde Grecia y Serbia declaró estado de emergencia, bloqueó el paso de una de las principales rutas e instaló vallas para evitar el flujo de migrantes.
Polonia refuerza su controles  migratorios con estrictas medidas de seguridad y férreos controles, que se incrementan por la presión de la población quienes abiertamente, según un estudio realizado en 2013 se revela que el 69% de los polacos no quería que personas no blancas vivieran en el país y por ello en 2014 tenían 8.020 solicitudes de asilo y sólo aceptaron a 740.
Eslovaquia en días pasados  el gobierno sin temor alguno y de manera clara anunció que sólo aceptará cristianos y que los musulmanes no serían aceptados porque no se sienten en casa a pesar del llamamiento de naciones Unidas para que los países sean inclusivos.
Republica Checa no aceptará este tipo de inmigrantes. Un sondeo reveló que más del 70% de la población dijo que el país no debería aceptar refugiados o inmigrantes de Siria o el norte de África. “La República Checa por mucho tiempo ha sido una sociedad homogénea, así que no estamos acostumbrados a razas y culturas.
Países Bálticos
Estonia sólo aceptó 140 refugiados de los 740 propuestos por la UE. Esto porque el país tiene como norma que no puede aceptar más del 1% de la población, que se estima es 1,3 millones.
Eslovenia recibirá 230 refugiados, menos que los 496 propuestos por el bloque.
Hungría planea construir una valla de 175 kilómetros de largo y cuatro metros de alto en su frontera con Serbia.
Bulgaria anunció en enero que extenderá en 130 kilómetros la valla con alambre de púas en su frontera con Turquía. Esto se  suma a los 33 kilómetros de alambrada construidos en 2014.
Europa sin titubeos se blinda y llena de muros, vallas alambradas, contingentes de guardias fronterizos, de perros adiestrados de instalaciones de vigilancia remota y por satélite, para contener la ola de inmigrantes provenientes principalmente de Siria, Irak y Afganistán, a lo que algunas ya han llamado la “nueva Cortina de Hierro”,
Todos estos muros , murallas, rejas, alambrados y demás acciones para evitar el paso de los que en una inmensa mayoría huyen, para evitar la muerte y traen pena y desconsuelo, no son publicados y publicitados de la misma manera con la que si repiten día a día la muralla construida por Israel, en su territorio, para defender su soberanía e impedir que se cuelen terroristas, no refugiados, estos muros se ven más que los otros, cuando proporcionalmente son infinitamente más pequeños, a ese muro llegan hasta los Papas, y en ellos manifiestan, llegan también los periodistas para hacer los reportajes y luego seguir veraneando en la playas de Eilat o Tel Aviv  y disfrutando de un país lleno de vida, de progreso,  de tecnología, esperanza y unido hasta las entrañas en la convicción de luchar por la paz y por preservar lo que desde la época bíblica les pertenece, mejor dicho nos pertenece.
Los   muros invisibles  les cortan las esperanzas a millones, en el otro se evitan tragedias humanas  y a pesar de ello lo vemos hasta sin querer, a veces  increíblemente en el intervalo de algún juego de futbol importante.
La lucha no debe ser por hacer visible a unos, la lucha es porque se creen las condiciones para que   todos los muros desaparezcan y esto más que la unión de voluntades o un tema económico pasa por hablar en voz alta lo que todos sabemos, por quitarse la máscara de la hipocresía e identificar el origen, la causa del daño, precisarlos y dejar de hacerles  el circo, y  poner en la raya o aislar a quienes pretenden un mundo deshumanizado.
Los que proponen las guerras con o sin razón, también deben de prever estas consecuencias y son los que las promocionan, los que deben de llevarse el pedazo más grande de la torta, es parte del tema. Estas líneas más  que una crítica son una carta al buzón de la incomprensión.

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