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Por Rab. Iona Blickstein
En la historia del pueblo judío hay ciertos eventos que señalan el comienzo del descenso en la espiral de sufrimiento. Uno de ellos es el ayuno del Diez de Tevet. El mismo marca el comienzo del sitio final de Jerusalén por Nabucodonosor, rey de Babilonia, que culminó en muertes masivas, destrucción y exilio.
Cuando el horror del Holocausto fue conocido por primera vez por todo el mundo, el Rabino Jefe del Ishuv (la comunidad judía antes de la creación del Estado) en Eretz Israel proclamó el Diez de Tevet como el día de duelo por las víctimas de la destrucción de las comunidades judías en Europa. En 1951, no obstante, una fecha diferente, el 27 de Nisán, fue designado por la Keneset (Parlamento israelí) como el Día del Holocausto y el Heroísmo.
Hay una conexión interna entre estos dos eventos dolorosos de nuestra historia, la destrucción del Templo y la Shoá.
Nabucodonosor, el malvado, al igual que el enemigo de los judíos de Alemania, quisieron apagar la vela de Israel en el mundo, en Ierushalaim. En el Sagrado Templo eligió HaShem bendito revelarse y revelar Su luz y abundancia a Su pueblo Israel, y por su intermedio al mundo entero.
Nabucodonosor pensó que al destruir el Templo, el corazón de Israel y del mundo podría apagar la luz de Israel, pero se equivocó; Hitler quiso hacer lo mismo, ni él ni Nabucodonosor entendieron que el pueblo de Israel, el pueblo que HaShem bendito eligió entre los pueblos, y lo llamó "mi hijo, mi primogénito", es eterno.
El Gran Rabinato ha decretado de todas formas que el Diez de Tevet sea el día en el que se recite el Kadish de Duelo para aquellos familiares, víctimas del Holocausto, cuya fecha de fallecimiento no es conocida, y conmemorarse día con plegarias y estudio. En Israel es conocido como el día del "Kadish General".
Incluso ahora, cuando el Estado de Israel ha sido establecido para traer el fin del sufrimiento y el exilio judíos, recordamos cuando comenzó el triste relato del exilio: hace más de 2.500 años atrás, un Diez de Tevet.

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