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Por Beatriz W. De Rittigstein
En las primeras décadas del siglo pasado, a fin de concretar su ideología, los nazis concibieron un plan genocida que llamaron “Solución final”, eufemismo de lo que en realidad fue una limpieza étnica, con el propósito de erradicar de Alemania y de los territorios que iban ocupando en Europa durante la II Guerra Mundial, todo vestigio de la población judía, considerada una raza inferior. Los nazis aseveraban que los judíos encarnaban todos los males que corrompían y contaminaban a la nación alemana y por ello debían ser exterminados. En 1935 fueron emitidas las leyes de Núremberg, con las cuales privaron a los judíos de sus derechos y de esa manera, los definieron “racialmente”. La aspiración de Hitler era lograr el JudenRein, un mundo libre de judíos.
Igual de perversa a las calumnias del nazismo, la judeofobia del presente, dirigida por la teocracia iraní, sectores islámicos y árabes radicales, que a través de campañas internacionales publicitan el odio, distorsionan los hechos históricos y difaman usando falacias, tiene el objetivo de transformar el conflicto palestino-israelí en un presunto plan de limpieza étnica, es decir, acusan a los judíos de proyectar la desaparición de los palestinos. Sin embargo, tanto Hamas como Fatah han puesto en práctica una táctica, la de los espejos, que busca confundir y culpar al “otro” de las propias transgresiones. Con franqueza, la dirigencia palestina siempre ha imaginado un territorio libre de judíos. De hecho, en Gaza no los hay, es un verdadero JudenRein.
En aliento a esa meta, la Unesco, gracias a la mayoría automática que vota en contra de Israel, ensaya alterar la historia, al usurpar los ancestrales vínculos del judaísmo con la ciudad de Jerusalén y particularmente con el Monte del Templo, en donde a los judíos se les prohíbe ir a rezar.
Otro ejemplo: la Federación Palestina de Chile tiene como logo el mapa integrado por Israel, Judea y Samaria (Cisjordania) y Gaza. Un asunto muy sencillo que prueba sus intenciones: todo el territorio solo para los palestinos.
El rechazo sistemático e implacable de reconocer al pueblo judío y la legitimidad del derecho a la existencia de Israel, es un lamentable atajo que demuestra la pretensión de sectores palestinos de un Medio Oriente sin el Estado judío.

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