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Durante la Segunda Guerra Mundial, la Cruz Roja Internacional (CRI) hizo muy poco para ayudar a las víctimas judías de la persecución nazi. Sus actividades pueden dividirse básicamente en tres períodos:

1. Septiembre de 1939 – 22 de junio de 1941: La CRI limitó sus actividades a enviar envases de alimentos a quienes sufrían en la Europa ocupada. Los envases se distribuían según las directivas de la Cruz Roja alemana. Durante este período, la CRI aceptó el argumento alemán en virtud del que los habitantes de los ghettos y campos constituían una amenaza para el Reich, por lo cual no se les permitía recibir ayuda de la CRI.

2. 22 de junio de 1941 – Verano de 1944: A pesar de los numerosos pedidos por parte de organizaciones judías, la CRI se negó a protestar públicamente contra la aniquilación masiva de judíos y no-judíos en los campos, y a intervenir en su defensa. Sostenía que cualquier actuar público que defendiera a los que se encontraban bajo el dominio nazi a la postre resultaría en detrimento de su bienestar. Al mismo tiempo, la CRI procuraba enviar cajas de alimentos a los sujetos cuyo domicilio conocía.

3. Verano de 1944 – mayo de 1945: Luego de la intervención de distinguidas figuras, como el presidente Franklin Roosvelt y el Rey de Suecia, la CRI apeló a Miklós Horthy, regente de Hungría, para que detuviera la deportación de judíos húngaros.

La CRI insistió en que se le permitiera visitar los campos de concentración, y una delegación fue autorizada a visitar el “ghetto modelo” de Terezin (Theresienstadt). El reiterado pedido de la CRI surgió luego de que ésta recibió información acerca de las terribles condiciones de vida en los campos.

La CRI solicitó permiso para investigar la situación, pero los alemanes aceptaron que realizara la mencionada visita recién después de nueve meses de la presentación de la solicitud. Este retraso les dio a los nazis el tiempo necesario para completar un programa de “embellecimiento”, diseóado con el fin de engaóar a la delegación y hacerles pensar que las condiciones en Terezín eran bastante buenas, y que se les permitía a los reclusos vivir sus vidas con relativa calma. En realidad, posteriormente, la mayor parte de los prisioneros fueron deportados a Auschwitz.

La visita, que tuvo lugar el 23 de julio de 1944, fue seguida de un informe favorable acerca de Terezín dirigido a los miembros de la CRI. Las organizaciones judías protestaron vigorosamente, exigiendo que otra delegación visitara el campo. El permiso para realizar dicha visita no fue otorgado hasta poco antes de la culminación de la guerra.

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