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El período comprendido desde la invasión musulmana en el año 711 hasta el desmembramiento del Califato de Córdoba, a principios del siglo XI, marca un glorioso capítulo de prosperidad y desarrollo intelectual para el judaísmo en el sur de la península.

Es cierto que se sabe con certeza que había judíos en esta región antes de que Tariq ibn Ziyad desembarcara junto a la montaña de Calpe, es decir yabat Tarik, o Gibraltar en nuestros días, y derrotara al rey visigodo Rodrigo en Guadalete.

Una de las figuras más sobresalientes de aquellos tiempos fue el rabí Jasdai Ibn Chaprut (915-970). Hijo de una noble familia judía de Jaén, recibió una esmerada educación. Estudió medicina y llegó a dominar el hebreo, el árabe y el latín. Además, estaba dotado de una inteligencia práctica y dominaba el arte de dirigir. Comenzó desempeñándose como médico de la corte, y advertido Abderramán de estas notables cualidades, le encargó el manejo de los asuntos extranjeros del califato. Entre otras actividades, recibió en el año 956 a Juan, el abad de Gorze (Lotaringia), enviado del emperador alemán Otón I.

Ese mismo año Hasday fue enviado a la corte de León para concertar un pacto de amistad con ese reino cristiano. Dos años más tarde cumplió otra misión diplomática, esta vez en la capital de Navarra. Allí se hallaba Sancho el Craso, el obeso rey de León, que al ser expulsado por la nobleza leonesa había encontrado refugio en Pamplona junto con su abuela, la reina doña Toda de Navarra. A cambio de diez fortalezas, Abderrmán se comprometió a reponerlo en el trono, pero previamente el monarca leonés fue a Córdoba a fin de seguir un tratamiento del médico y diplomático judío, que le permitiera perder un tanto el exceso de peso que tanto le inquietaba. De modo que así aprendemos que la obesidad ha sido un problema que ha preocupado a los hombres desde la antigüedad.

El historiador Itzhak Baer pone en tela de juicio la famosa carta que Ibn Hasday hubiera enviado al rey de los cuzares, según relata su colega Simón Dubnow. Este afirma que en cierta ocasión los israelitas de Persia le comunicaron que en una región lejana existía un reino judío independiente, el de los cuzares. El príncipe de los judíos de España envió un mensajero pidiéndole que le escribiera toda la verdad sobre ese misterioso país.

Algún tiempo después el rey Yosef de los cuzares le aclaró que si bien en su reino se profesaba el judaísmo, sus súbditos no eran descendientes de los hebreos. Diez años más tarde se supo la infausta noticia que ese reino había caído, y los supervivientes llegaron hasta el Califato de Córdoba para refugiarse. Pero lo claro y evidente es que siempre y cuando llegaban embajadores u otros enviados extranjeros a la Corte de Córdoba, Ibn Hasday se interesaba por saber cuál era la situación de los judíos en sus respectivos países.

A pesar de sus múltiples funciones oficiales, Jasdai no descuidó los asuntos de la comunidad judía. Fue el jefe de las aljamas de España, algo así como el Nasí o príncipe de las comunidades judías y bajo su amparo los judíos españoles gozaron de paz y prosperaron. En su época se fundó en Córdoba una academia talmúdica, que con el tiempo adquirió tal fama que empezaron a llegar muchos estudiosos de España y del norte de África. Rabí Jasdai también prestaba su ayuda a los filólogos Menahem Ben Saruc y Dunas Ben Labrat. Ambos investigaban las leyes gramaticales del hebreo, si bien discrepaban en sus opiniones.

Menahem escribió el primer diccionario hebreo intitulado “Majberet”, aunque su colega lo criticó vivamente. Entre los discípulos del primero figuraba el gramático Judá Ben Hayug, que fue el primero en establecer el principio que las raíces de las palabras hebreas son generalmente trilíteras: es decir, de tres letras, una norma aceptada hasta el día de hoy.

Hay una larga nómina de destacadas figuras judías que vieron luz en el sur de España. Durante los siglos XI y XII aparecieron tan gran cantidad de sabios y poetas, que ese periodo ha merecido el nombre de “Edad de Oro” de la literatura judía. Uno de ellos era Salomón (Shlomo) Ibn Gabirol. Fallecido en la flor de su vida, el Avicebrón para los escritores medievales, fue uno de los principales poetas y filósofos de esa época. Indícase que nació en Málaga en 1020 ó 1021 y murió en Valencia en 1058. Huérfano desde niño, fue protegido por el Naguid de Granada, y escribió espléndidas poesías, en las que da expresión cabal al dolor del pueblo judío errante y la honda nostalgia de su alma por la patria perdida.

En su obra maestra, Keter Maljut (Corona Real), incorpora oraciones de Yom Kipur, proclamando profundos pensamientos filosóficos relativos a los atributos de Dios y a las maravillas de su Creación. Su otra obra, Makor Jayim (Fuente de la Vida), está escrita en árabe como diálogo platónico. Afírmase que sus doctrinas, aceptadas principalmente por los franciscanos aunque opuestas por los dominicos, y en especial Tomás de Aquino, influenciaron al famoso escritor catalán Ramón Llull.

Otra figura destacada fue el rabino Isaac Alfasi. Talmudista nacido en Argelia que dirigió durante mucho tiempo la famosa academia talmúdica de Fez (de allí su nombre), pero tuvo que huir a España a la edad de 75 años en donde vivió hasta su muerte a los 90). Poco después de su llegada impuso su hegemonía en la gran academia de Lucena, en donde estuvo rodeado por una multitud de discípulos, entre ellos Yehudá Halevy. Sabía interpretar con particular ingenio las leyes talmúdicas, que recopiló en su obra Sefer Hahalajot (Libro de las Normas Jurídicas), escrito en hebreo y arameo. Es considerado uno de los mayores genios en la interpretación de las normas jurídicas y sociales judías.

Conocido como el Naguid (Príncipe) de Granada, Samuel Hanaguid, Samuel Ben Yosef ibn Nagrela fue un poeta, gramático, lingüista y estadista de singular talento, Nació en Córdoba y recibió una esmerada instrucción, aunque tuvo que huir luego que los bereberes saquearon esa ciudad en 1013, instalándose en Málaga. Luego ascendió paulatinamente desde la categoría de humilde tendero y recaudador de impuestos, hasta convertirse en visir del rey moro de Granada, cargo que desempeñó durante veintiocho años, en los que el pequeño Principado prosperó notablemente.

Cuando el rey Habus falleció y fue sucedido por su hijo Badis, Samuel asumió de hecho el gobierno del reino, ya que este último prestaba poca atención a los asuntos de Estado.
Lo más notable es que a pesar de carecer de instrucción militar, se desempeñó frecuentemente como comandante de las tropas en el campo de batalla. Asimismo, en sus contactos diplomáticos con gobiernos extranjeros prestó particular atención en mejorar la situación de las comunidades judías locales. Además, era también jefe de la aljama de Granada, y amparaba a sabios y escritores judíos que carecían de medios, entre ellos el famoso Ibn Gabirol. Eso no quiere decir que no tuviera relaciones con los mahometanos, y muchos de ellos eran sus amigos y admiraban el modo como dirigía al país.
Fue también un prolífero escritor. Asimismo compuso muchas poesías religiosas (una de ellas, en siete idiomas), un libro de parábolas y una recopilación de sentencias filosóficas. Falleció en 1056.

La nómina de personalidades notables es larga, y en breve se mencionará tan sólo a Yehudá Halevy, que aunque nació en la Castilla cristiana pasó bien pronto al sur de la España arábiga. Se le conoce principalmente por sus exquisitas poesías, pero como muchos intelectuales de su época, también fue médico. No es ninguna casualidad que la medicina fuera una de las preferentes actividades de los judíos, tanto en Andalucía como en el resto de España.

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