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Píntame angelitos judíos… también
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Existen estados y existen embajadas.  Existen estados sin embajadas en algunos países, y existen embajadas en algunos países, sin que formalmente tengan estado.  Aunque en honor a la verdad, el tener embajadas, embajadores y relaciones diplomáticas de este nivel es prueba inequívoca de existencia de estado.

El Estado de Israel se fundó,  formalmente,  en Mayo de1948.  Hubo una extensa y dura cronología de hechos y de posiciones enfrentadas.  La independencia judía se logró, pero antes hubo concesiones ideológicas de los fundadores.  Se hubiera aceptado en su momento, previo a la Segunda Guerra Mundial un Hogar Nacional, una solución intermedia.  El objetivo era lograr el bienestar de los judíos del que fuera el Mandato Británico, otrora provincia del Imperio Otomano.  Tener una tierra donde los judíos pudieran emigrar.  Negociar cuotas de inmigración judía al Mandato se constituyó en una misión cuesta arriba, que costó la enemistad con los gobiernos británicos de la preguerra, guerra y postguerra.

En el momento de la verdad, de aceptar la partición de Palestina y luego declarar la independencia, no se asumieron posiciones maximalistas.  Se asumieron posiciones pragmáticas.  Ben Gurion se impuso, acalló y combatió la disidencia interna.  Disidencia que también se sumó, temprano y no sin dolor, a la disciplina propia de las instituciones de un estado que se debía, en primer lugar, a lograr la supervivencia y la seguridad de sus ciudadanos.

No hubo embajadas antes del Estado, porque no había estado.  Y la prioridad del estado fue consolidarse, tratar de ser independiente.  De los favores de terceros, de la lástima de los países, de la ayuda que cobra luego su alto precio.

Israel salió adelante.  En pocas y duras décadas, tras varios y difíciles conflictos armados, con muchos problemas internos, se ha convertido en una minipotencia.  Respetada más que temida, admirada por  muchos, injustamente vilipendiada por otros.  No fue fácil, y no siempre hubo consenso interno.  En democracia y convivencia, se ventilaron muchos problemas.  A la hora de la verdad, afortunadamente, privaron el consenso y el sentido común.

Desde 1993, y hasta nuestros días, los palestinos han contado con la opción de negociar un estado independiente que tenga algo más que embajadas y un temible aparato de lucha contra Israel y los judíos.  No vamos a mencionar la oportunidad perdida del mundo árabe de haber aceptado la Partición de Palestina de 1947. Desde Oslo hasta hoy, varias veces se ha estado a punto, y  nada.

Las estadísticas y la historia de los últimos 25 años son desoladoras.  En vez de un ente palestino, hay dos entes enfrentados que se diferencian en su grado de posiciones virales contra Israel.  No existe claro reconocimiento del derecho de los judíos a un estado, y sí hay posición clara respecto a lo contrario.  Para colmo, las erupciones de cambio en países musulmanes, que se esperaban para mejoras sustanciales, terminaron en bastiones de radicalismo y violencia interna,  y también de exportación.

A pocos días de la asunción de un nuevo presidente en el país todavía más poderoso del mundo, una administración con quizás menos experiencia y también menos prejuicios y compromisos, ha de tener una lógica más simple de las cosas y un conocimiento y desgaste menor.  Esto puede ser bueno… o malo.

Si las partes en conflicto se avienen a negociar, desde un plano de dignidad propia y respeto a la contraparte, con la disposición de ceder y lograr, sin aspiraciones maximalistas ni agendas ocultas múltiples, quizás haya una solución para todos.  No una solución inmediata, pero sí un período de no beligerancia ni provocaciones, que termine evolucionando en una serena y necesaria convivencia.  Que garantice un futuro como se merecen todos y cada uno de los habitantes de la región y del planeta.

La ilógica situación de estados sin embajadas y embajadas sin estado formal ha de desaparecer.  Los verdaderos líderes tienen la palabra.  Es, una vez más, el momento de cambiar la historia para bien.

Nota: Venezuela es uno de los países donde el Estado de Israel no tiene Embajada, y donde la Embajada de Palestina no tiene Estado formal.

 

Elías Farache S.


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