El Estado Islámico. Las entrañas del califato
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Acta de renacimiento de Israel
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Por Julián Schvindlerman
En su discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, el primer ministro de Israel Binyamin Netanyahu hizo una equiparación entre el grupo terrorista palestino Hamas y el ISIS (o Estado Islámico): “Ambos son ramas del mismo árbol venenoso” aseguró. Aunque
logísticamente no hay coordinación entre estos grupos, ni organigrama que los una, y cada cual tiene su nacimiento en una coyuntura y tiempo diferentes, y albergan ambiciones dispares, Netanyahu está en lo cierto: ideológicamente, Hamas e ISIS están hermanados en la Jihad. Ambos desprecian la “infidelidad” occidental. Ambos aspiran a erigir un califato islámico; en Palestina uno, en toda la región el otro. Y ambos son visceralmente violentos. En un sentido, la lucha de Israel contra Hamas encapsula la lucha universal del mundo libre contra el fundamentalismo islámico.
Desde ya, muy pocos diplomáticos, periodistas y académicos se han mostrado hasta el momento dispuestos a abrazar este postulado. Y en particular, muy pocos han elevado en relación a Estados Unidos y el ISIS el tipo de preguntas que han hecho -con auténtica insistencia- en torno a la acción militar israelí en Gaza, principalmente: ¿Qué hay sobre las bajas civiles en los bombardeos de la coalición contra posiciones de ISIS en el Medio Oriente?
La aviación estadounidense, respaldada por jets de las fuerzas aéreas de naciones árabes, europeas y otras ha estado bombardeando bases, campos de entrenamiento, centros de arsenales y refinerías en manos del grupo jihadista en la vecindad de varias ciudades sirias e iraquíes. Se ha reportado sobre la muerte de terroristas, han surgido videos que muestran a militantes hurgando entre los escombros en busca de sobrevivientes, y hemos visto fotografías de enormes pilas de humo elevándose de zonas atacadas. Es probable que Washington haya provocado la muerte a muchos más civiles árabes de los que ISIS haya matado a civiles norteamericanos, en términos absolutos y proporcionales. No obstante, tal como Jonathan Tobin se sorprendía hace poco en la revista Commentary,  sabemos casi nada acerca de posibles muertes civiles en las zonas agredidas. Quizás no haya habido ninguna muerte civil. O quizás muchas. La verdad es que no tenemos idea porque quienes deberían estar planteándose eso no lo han estado haciendo demasiado. Lo cual es llamativo a la luz de la reciente preocupación que han mostrado por el sufrimiento árabe… al menos en Palestina.
La información ha girado en torno a la naturaleza bestial de ISIS, el tamaño de sus finanzas, la velocidad de su expansión, la timorata reacción de la Casa Blanca y las complejas alianzas regionales surgidas en la necesidad de dar respuesta. Todas ellas son legítimas preocupaciones geopolíticas. Este esfuerzo en comprender lo que está en juego estuvo enteramente ausente en la guerra Israel-Hamas. ¿Alguien se interrogó por el presupuesto operativo de Hamas? ¿Se informó debidamente acerca de su Carta fundacional genocida? ¿Se comentó cabalmente acerca de sus asociaciones con Irán, Catar y Turquía? ¿De la provechosa economía de sus túneles? ¿Del centenar y medio de niños palestinos que murieron construyéndolos? ¿De su fenomenal zigzag organizacional en el contexto de las revueltas árabes? Estados Unidos está peleando en el lejano Medio Oriente en válido ejercicio de la doctrina de la responsabilidad de proteger población civil asediada y para preservar la estabilidad de la zona. Israel debió luchar contra el movimiento de resistencia islámico palestino en sus fronteras para proteger al 75% de su ciudadanía que estuvo expuesta a una lluvia incesante de misiles y -cuanto le cuesta al mundo admitir esto- para sobrevivir.
Es posible que las preguntas que hasta el momento no se han estado haciendo en relación a la guerra contra ISIS deban empezar a hacerse prontamente. Los expertos militares llevan cierto tiempo ya advirtiendo que los jihadistas no podrán ser derrotados desde el aire y han aconsejado una intervención con botas en el terreno. Apenas una ciudad iraquí, Mosul, tiene aproximadamente la misma población de Gaza. No será difícil para los casi 35.000 hombres de ISIS ocultarse entre civiles e involucrar a los soldados enemigos en combate urbano, tal como los 20.000 miembros de Hamas han hecho con los israelíes. Quizás entonces empiece a asentarse en el entendimiento mundial la cruda realidad y el terrible dilema de la pasada guerra en Israel y en Gaza.

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