¡No hubo Shoá! (Carta a Ahmadinejad)

El terrorismo globalizado
28/07/2011
Vida de Mauricio Palomo
01/08/2011

Por Alberto Mazor
"No se que armas se emplearán durante la tercera guerra mundial, pero estoy consciente de que en la cuarta se utilizarán sólo piedras" Albert Einstein.
Tiene usted razón en su pregunta, señor Ahmadinejad; ¿Murieron realmente seis millones? Ese es el interrogante más fácil pero más peligroso de contestar en el mundo de hoy, pues se refiere, lógicamente, a la superpublicitada matanza de judíos durante la Segunda Guerra Mundial por medio de asesinatos colectivos, caravanas de la muerte, cámaras de gas, hornos crematorios y tantos otros sofisticados inventos que sólo el cerebro judío-sionista, exageradamente engalardonado de Premios Nóbel sería capaz de imaginar. Atreverse hoy en día a denunciar esta mentira monstruosa significaría perder casi todo su crédito político occidental, impedir su participación en prestigiosos congresos contra el racismo, su entrada a afamados centros académicos del mundo y obstaculizar una vía accesible a publicaciones y editoriales para dirigentes honestos. Pero ¿qué valor puede tener todo eso frente a una ansiada y diminuta bomba atómica?
¡No hubo Shoá, señor Ahmadinejad! Para proteger la sagrada mentira de los seis millones, se han utilizado maniobras que parecen casi de ciencia ficción, especialmente para ahogar cualquier intento serio de demostrar su falsedad.
¡No hubo Shoá! Las llamadas cámaras de gas eran, en realidad, inocentes duchas, e incluso tenían canales de desagüe en el piso que llegaban al alcantarillado exterior de los inocentes campamentos de verano o invierno.
En otros casos, las tan pretendidas cámaras de gas correspondían a dependencias necrológicas, de esas que uno encuentra en todas las grandes cárceles del mundo. Vaya a Maidanek y compruébelo personálmente; igualito a Disneylandia. Un mero recorrido turístico que lo sacará de dudas. En Auschwitz, por ejemplo, podrá verificar en el registro de las llaves de las puertas, que todas ellas estaban etiquetadas con el nombre de las salas que abrían, y en las que las llaves de las supuestas cámaras de gas aparecen con nombres de otras dependencias normales. ¡Abrase visto, tanta ignorancia!
¡No hubo Shoá, señor Ahmadinejad! Los hornos crematorios analizados por los mejores peritos en la materia, tampoco cumplen con los mínimos requerimientos para incinerar siquiera una ínfima parte de las cifras que menciona la desvergonzada propaganda judeo-sionista. Los últimos informes técnicos analizan uno por uno los hornos y otorgan las cantidades máximas de incineraciones físicas posibles y la cantidad de ceniza capaz de acumularse, aclarando bien bien que corresponderían a un uso de 24 horas durante todos los días que estuvieron en funcionamiento; o sea, sin manutención alguna – ¿se imagina usted? – ¡y sin posibilidad de enfriarse ni de retirar las cenizas durante años! ¿Quién podría trabajar constantemente al lado de algo hirviendo? ¿Sería realmente un infierno verdad, señor Ahmadinejad?
¡No hubo Shoá! ¿Quién mejor que usted, con la fuentes fidedignas de las cuales dispone, puede saber que la Cruz Roja Internacional tuvo durante toda la guerra acceso total a todos esos campamentos recreativos sin que jamás fueran denunciadas las famosas cámaras y los hornos? Más aún, usted bien sabe que terminada la guerra, la misma Cruz Roja – que incluso controlaba la correcta alimentación de los incrédulos acampantes – informó oficialmente que los judíos muertos entre 1939 y 1945 fueron apenas unos 300.000. Que quede bien claro: ¡muertos, no asesinados!
¡No hubo Shoá, señor Ahmadinejad! ¿Quién mejor que usted conoce al dedillo la cantidad de beneficios que ha obtenido la descarada judería internacional con la telenovela del Holocausto. ¿De qué otra manera – de no haber ideado la farsa de los seis millones – hubiera podido recaudar el movimiento sionista semejante fortuna para construir su diabólico Estado a cambio de la supuesta memoria de algunos pobrecitos judíos que hayan sido sacrificados? ¿Alemania hubiera pagado a Israel indemnizaciones de los más diversos tipos, derivadas de sus supuestas culpas por los crímenes de lesa humanidad cometidos durante la Segunda Guerra?
¡No hubo Shoá! La economía de Israel ha sido planteada como un éxito considerable. Todo es falso; el sionismo internacional lo sabe de sobra; la base de la sustentación nacional de Israel está basada únicamente en la cantidad degenerada de los pagos y las  indemnizaciones que debió hacerle el pueblo alemán desde sus inicios como Estado, y luego del sacrificio ritual de los jerarcas del nazismo en el circo de Nuremberg. Gracias a los dineros rapiñados al mejor estilo ético de "plata por sangre" es que el Estado judío ha podido ser creado y mantenido. Por ejemplo, sus experimentos ultracomunistas, como son los ya famosos y tan renombrados kibutzim, han sido un gastadero de dinero que ya dejó de ser sustentado por el sionismo, obligando a muchas de esas curiosas comunidades a adoptar un perfil de cooperativa empresarial, lo que va mucho más de acuerdo con lo que usted piensa sobre la personalidad especulativa de los judíos, los sionistas y de su economía globalizadora.
Pero su verdadero problema reside en que hubo Shoá, señor Ahmadinejad.
Lo que sucede es que como en una película de terror, vemos como en los últimos años la bestia antisemita, forzada a retirarse de la historia luego de los méritos que ganara durante el Holocausto, poco a poco avanza hacia la luz, y hoy en día ha invadido las cátedras universitarias convertida en un mero antisionismo o en un antisemitismo políticamente correcto. Hoy las principales usinas del odio a los judíos y al sionismo no son ignorantes adolescentes marginados de cabezas rapadas, sino ganadores de Premios Nóbel y prestigiosos catedráticos que comparan Gaza con Auschwitz, banalizando el término genocidio. El movimiento "progresista" globalofóbico, que tanto lo admira a usted, parece haber engendrado un antiimperialismo de los imbéciles.
Durante la Alemania Nazi, los judíos eran vistos por la derecha, como los parásitos explotadores del resto de la humanidad; hoy, el Estado judío es definido, por usted y por sus compadres pseudo-progresistas, como un opresor colonialista, responsable de la globalización imperialista y el principal peligro para la paz mundial. Ni más ni ménos. Podemos decir que su antisemitismo es el mismo perro pero con distinto collar. Desde hace muchos años gran parte de Europa y el Islam, en relación al pueblo judío y al movimiento sionista, se encuentran en una dialéctica que oscila entre la demonización razonable de los mismos y las prácticas terroristas homicidas contra ellos. 
El antisemita de derecha, luego de la Shoá, si bien perdura, se ha debilitado notablemente y ha perdido consenso; el antisemitismo, en los años inmediatamente posteriores al Holocausto, se había transformado en una identidad vergonzosa condenada por la historia. Por el contrario, lejos de ocurrir esto, y trazando analogías con las manifestaciones del inconsciente, el antisemitismo reprimido buscó la forma de manifestarse en otro objeto del inconsciente, en este caso colectivo, y reapareció transformado en antisionismo, esta vez por el lado izquierdo con el aval de importantes intelectuales por un lado, con la intachable trayectoria antirracista de la izquierda por otro y con el caradurismo de la ONU que permite que un dirigente violador de derechos humanos diplomado como usted pronuncie el discurso de apertura en un congreso en contra del racismo.
Es entonces, que el antisemitismo, de ser una ideología marginada, pasó a formar parte del consenso hegemónico de una importante parte de la opinión pública mundial, incluyendo a intelectuales afamados de un prestigio incuestionable; se volvió una opción accesible.
¡Hubo Shoá, señor Ahmadinejad! Sus desproporcionadas y abusivas exigencias de que Israel deje de hacerle a los palestinos lo que antes los alemanes le hicieron al pueblo judío, ya por sí solas vienen a confirmarla; pero es simplemente una fantasía banalizadora suya del sufrimiento judío, cuya doble intención es purificar la indiferencia del mundo durante el Holocausto – si se equipara a víctimas y victimarios e Israel hace a otros lo que otros antes le hicieron, finalmente ni el mundo era tan malo, ni los judíos tan inocentes -, mientras que busca crear un nuevo estigma al judío generando, finalmente, un antisemitismo políticamente correcto y aceptable.
¡Hubo Shoá, señor Ahmadinejad! Aunque le parezca mentira, utilizando los datos que usted mismo aporta, es una mera cuestión de estadísticas. Si los judíos hubieran tenido las mismas posibilidades de acción, condiciones de vida y tasa de natalidad que tienen los palestinos en Gaza y Cisjordania durante lo que usted llama el genocidio palestino, no sólo no hubieran muerto 6.000.000 de los 9.000.000 de judíos europeos, sino que hacia el final de los doce años de ocupación nazi, Europa contaría con cerca de 12.000.000 de judíos.
¡Hubo Shoá, señor Ahmadinejad! Lo alarmante es ver nuevamente la indiferencia moral y la menara de obrar de países occidentales respecto al antisemitismo y a sus amenazas de acciones terroristas antijudías. Su ex-presidente Hashemi Rafsanyaní, poco después de los ataques de islamistas en Madrid, hizo un llamamiento a la destrucción nuclear de Israel. Una sola bomba nuclear bastaría para destruirlo – dijo -, mientras que cualquier contraataque israelí sólo podría causarle a Irán daños limitados.
Es bueno recordar estas palabras ante su decisión de continuar con el programa nuclear de su país y de exterminar al Estado judío. Lo inconsebible es que países que se autocalifican neutrales, luego del Holocausto, toleren declaraciones provocativas como las suyas, las cuales expresan abiertas concepciones antisemitas y genocidas.
¿Recuerda que hace algunos años atrás, su periódico, Hamshahri – uno de los de mayor difusión en Irán -, promovió un concurso en busca de las mejores caricaturas sobre el tema del Holocausto? Lo hizo como reacción a las viñetas de Mahoma publicadas en aquella época en Dinamarca y aludiendo al principio elemental de la libertad de expresión que tanto se defiende en su país. Los ganadores recibieron interesantes premios y elogios por su original capacidad creativa.
Sólo me restan dos preguntas, señor Ahmadineyad:
¿En qué elementos se basaron los dignos integrantes del jurado para determinar quienes fueron los ganadores de tan original concurso?
¿Cómo es posible caricaturizar lo que nunca existió?

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.