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11/11/2014
Un patrón emergente
14/11/2014
Por Rubén Darío Peralta
En el auditorio del departamento de Medicina Interna del Hospital Angel Larralde (ubicado en Naguanagua, Edo. Carabobo) se encuentra un afiche con las fotos de casi todos los ganadores del Nobel de Medicina. Un día, en una asamblea donde se encontraba la mayoría de los médicos internos y residentes, ofrecí un premio (consistiendo en derivados del lúpulo) para aquel que pudiera identificar algún venezolano en ese afiche.
Muchos manifestaron que no existía, uno dijo que era Humberto Fernández Morán, y la mayoría optó por el silencio propio del que no puede ni adivinar de qué va la cosa. A partir de allí he hecho el mismo ejercicio muchas veces, durante mis clases, con colegas provenientes de toda Venezuela, jóvenes y veteranos, y en todo ese tiempo solo una persona ha respondido correctamente quién fue Baruj Benacerraf (en la fotografía).

El desconocimiento del gremio médico (quienes más debieran saberlo)  a la figura del Dr. Benacerraf, es otra muestra de una educación venezolana que destaca abrumadoramente a los héroes militares sobre los civiles, especialmente nuestros hombres de Ciencia. Acá hacen que uno conozca la vida y obra de los libertadores con detalle, como si fueran lo único destacado que tenemos. Por otra parte, gracias a la televisión un venezolano promedio puede decirte con bastante certeza cuantas Miss Universo tenemos, y  es muy posible que sepan que Luis Aparicio es el único criollo en el Salón de la Fama, pero muy pocos te dirán quién es nuestro único Premio Nobel hasta la fecha.
Benacerraf fue un médico que nació el 29 de Octubre de 1920 en Caracas, y que desarrolló su carrera profesional en Francia y USA. A pesar de irse a los 5 años de edad, continuó visitando frecuentemente el país por algún tiempo debido a que tenía que encargarse del negocio familiar. Benacerraf se especializó en inmunología y su trabajo experimental lo llevó a descubrir estructuras de la superficie celular determinadas genéticamente que regulan las reacciones inmunológicas, esto le valió el Nobel de Medicina en 1980. Su trabajo abrió la puerta para el entendimiento de los fenómenos de rechazo en trasplantes de órganos y por qué unas personas son más susceptibles de sufrir enfermedades como esclerosis múltiple y lupus, que otras. Cuando se supo la noticia de su premio, un reportero de El Nacional lo llamó para hacerle una entrevista en donde dijo en perfecto español: “Por supuesto que me siento venezolano. Tengo unas raíces profundas que son puramente de allá. Es un honor para mí que un latinoamericano, un venezolano, sea premiado de esta forma”. En 1984 vino a Venezuela a dar una conferencia en Maracaibo.
El Dr. Benacerraf falleció el 2 de agosto del 2011 a los 90 años. Ayer habría cumplido 94 años y pienso que como sociedad deberíamos hacer un mayor esfuerzo en recordar a venezolanos como él, que han dado grandes aportes al conocimiento y a la humanidad. Cada vez que hay un trasplante en cualquier hospital del mundo, ya sea en Nueva York, Tokio o Caracas, está presente Baruj Benacerraf.
Quizás deberíamos comenzar en nuestras escuelas de Medicina, pues no es posible que los médicos venezolanos desconozcan esto, quizás en nuestros liceos se debiera enseñar las historias de Benacerraf, Convit, Fernández Morán, Vílchez Martínez, Layrisse, Gabaldón y tantos otros.
Antes de irme de ese hospital, dejé una foto de Benacerraf enmarcada en el auditorio del departamento de Obstetricia y Ginecología, para que por lo menos los que entren allí puedan conocerlo y quizás ayudar a mantener su nombre fuera del alcance del olvido.
Fuente: Notitarde

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