Baruj Benacerraf, el Nobel de la genética inmunológica

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Por Emilio De Benito
Términos como compatibilidad o rechazo deben mucho de su sentido -y de su vigencia- a los trabajos de Baruj Benacerraf, venezolano de nacimiento nacionalizado estadounidense a los 23 años. El médico, que falleció el 2 de agosto en su casa de Boston a consecuencia de una neumonía, había nacido en Caracas el 29 de octubre de 1920. A los 60 años recibió, junto al estadounidense George Snell y al francés Jean Dausset el Premio Nobel de Fisiología y Medicina.
La nota de la academia es singularmente parca: se les concede el premio "por sus descubrimientos relacionados con las estructuras genéticamente determinadas que regulan las reacciones inmunológicas".
Pero una frase tan escueta oculta un campo en el que todavía queda mucho por decir. Porque este enunciado se refiere a una de las claves para campos como los trasplantes o las enfermedades autoinmunes, entre otras muchas aplicaciones. Y, para hacer la historia más atractiva, reconoce un hallazgo al que se llegó casi por casualidad -las famosas serendipities que parecen el aliado indispensable de los avances científicos, empezando por el descubrimiento de la penicilina-: que el sistema inmunitario tiene una serie de características que son genéticas.
En concreto, Benacerraf estaba intentando demostrar en los sesenta cómo unas cobayas generaban anticuerpos al inyectarles una sustancia, de la misma manera que lo habrían hecho si se hubieran infectado por un virus. Pero en un 40% de los casos no pudo comprobar que hubiera esa reacción.
El médico, que era entonces profesor de patología en la universidad de Nueva York después de una niñez itinerante que le llevó a París, no se rindió. Ante el aparente fracaso, pensó que la explicación era -cómo no- genética, y, separando a los animales con esa característica, los cruzó para potenciar el rasgo. Así demostró que la respuesta inmunitaria era hereditaria.
Prácticas como los trasplantes, con sus temidos rechazos, y la búsqueda de donantes compatibles se basan en esta explicación; de ahí que los familiares sean a priori mejores candidatos para aportar un órgano. Pero aquella puerta continúa abierta. De todos los sistemas que forman el organismo humano, probablemente solo el nervioso sea aún tan desconocido como el inmunológico. Que le pregunten a los guionistas de House, y su recurso a una enfermedad autoinmune, el lupus, como respuesta a todo lo inexplicable.
Fuente: El País, España

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