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Por Mariana Sued
El antisemitismo, muchas veces enmascarado como rechazo a Israel por la cuestión palestina, persiste en la Europa actual, con rebrotes virulentos que suelen coincidir con el auge del populismo y el nacionalismo xenófobo en momentos de crisis económica y social.
Países como Francia, Hungría, Grecia y Polonia, pero también Israel, ven un recrudecimiento de ataques a símbolos judíos, insultos a judíos de distintos orígenes étnicos, profanación de cementerios e, incluso, asaltos personales durante estos últimos años, que desataron la alarma en comunidades europeas e instancias gubernamentales israelíes.
En el aumento de este clima, cimentado en costumbres denigrantes, desempeñan una función nada desdeñable las redes sociales, cuyo anonimato favorece tanto la actuación de fanáticos, incapaces de entender el profundo horror en el que se sustentan expresiones supuestamente jocosas, pero, también, la de individuos perfectamente conscientes del efecto buscado.
El pasado domingo, tras la finalización de la Euroliga de basket con la victoria de Macabi Tel Aviv sobre el Real Madrid, la red Twitter vehiculó entre usuarios israelíes y españoles más de 100.000 mensajes con contenidos claramente ofensivos para el equipo hebreo, en los que no se ahorraban referencias al Holocausto, y apelaciones a la violencia.
Puede que desde algunos sectores se intente rebajar la gravedad de lo ocurrido, recurriendo al sabido argumento de la ausencia de intencionalidad real y de la frustración deportiva por la derrota o por ser seguidor del eterno equipo rival, Hapoel Tel Aviv. Pero sin negar que muchos de los autores de tales barbaridades no son conscientes del daño que hacen, no pueden ser tolerables ni la banalización del genocidio, ni las expresiones de desprecio y deshumanización de víctimas inocentes ni, mucho menos, las incitaciones a la violencia.
Si queremos erradicar de nuestra sociedad el odio, la xenofobia y el racismo, es preciso que las nuevas generaciones comprendan en todo su significado lo que fue el Holocausto y la perversión básica de ideologías como el nazismo, camufladas demasiadas veces bajo la mixtificación de elegantes conceptos sociales.
Pero nadie llegará a entenderlo si la gente no concede importancia a expresiones vejatorias contra judíos de orígenes diferentes y en general, y las autoridades no las persiguen por medio de leyes claras.
Las redes sociales no pueden ser un espacio al margen de la normal convivencia social, y mucho menos servir de bombas de expansión de odio.
Fuente: Israel en línea

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