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Los aliados nazis contra los judíos
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¿Cuántos criminales nazis hubo?
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Cuando los nazis llegaron al gobierno, el jefe de la Iglesia Católica era el Papa Pío XI. Durante su papado, se limitó a preocuparse por los católicos no-arios. Aunque declaró que los mitos de “raza” y “sangre” eran contrarios a la educación cristiana (en una encíclica papal de marzo de 1937), no mencionó ni criticó al antisemitismo.

Su sucesor, Pío XII (el Cardenal Pacelli) era un germanófilo que se mantuvo neutral durante el curso de la Segunda Guerra Mundial. A pesar de que ya en 1942 el Vaticano había recibido información detallada acerca del asesinato de judíos en campos de concentración, las únicas declaraciones públicas que hizo el Papa no pasaron de ser expresiones de condolencia por las víctimas de la injusticia y llamados a una conducta de guerra más humana.

Si bien no hubo respuesta por parte del Papa Pío XII, varios nuncios papales desempeóaron importantes roles en las operaciones de rescate, en especial los nuncios de Hungría, Rumania, Eslovaquia y Turquía. No se sabe bien en qué medida trabajaban bajo las instrucciones del Vaticano, si es que ello ocurría. En Alemania, la Iglesia Católica no se opuso a la campaóa antisemita nazi.

Los registros de la Iglesia fueron suministrados a las autoridades estatales que colaboraron en la detección de personas de origen judío, y los esfuerzos realizados para ayudar a los perseguidos se limitaron a los católicos no-arios. Si bien los sacerdotes católicos protestaron contra el programa nazi de eutanasia, pocos, con la excepción de Bernard Lichtenberg, se pronunciaron en contra del asesinato de judíos.

En Europa Occidental, el clero católico se pronunció públicamente en contra de la persecución de Judíos y colaboró en forma activa con el rescate. En Europa Oriental, sin embargo, el clero católico se mostro renuente a ayudar en la mayoría de los casos. El Dr. Jozef Tiso, jefe de estado de Eslovaquia y sacerdote católico, cooperó activamente con los alemanes al igual que muchos otros sacerdotes católicos.

La Iglesia Protestante y la Ortodoxa Oriental reaccionaron de diferentes maneras. En Alemania, por ejemplo, dentro de las iglesias protestantes había quienes respaldaban a los nazis y respetaban la legislación antijudía e incluso les prohibían a los cristianos de origen judío ser miembros.

La Iglesia Confesora del pastor Martin Niemoller defendió los derechos de los cristianos de origen judío que pertenecían a ella, pero no protestó públicamente en contra de su persecución ni criticó las medidas tomadas contra los judíos, con la excepción de un memorándum enviado a Hitler en mayo de 1936.

En los diferentes países de la Europa ocupada la posición de las iglesias protestantes variaba. En muchos de ellos (Dinamarca, Francia, Holanda y Noruega) las iglesias locales y/o los sacerdotes líderes protestaron públicamente cuando los nazis comenzaron a deportar judíos.

En otros países (Bulgaria, Grecia, y la ex-Yugoslavia), los líderes de la Iglesia Ortodoxa intervinieron en representación de la comunidad judía y emprendieron tareas que, en algunos casos, condujeron al rescate de un gran número de judíos.

Los líderes religiosos no católicos de Austria, Bélgica, Bohemia/Moravia, Finlandia, Italia, Polonia, y la ex-Unión Soviética no realizaron ninguna clase de declaración pública en defensa de los judíos.

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